La OBC y la Inacabada de Schubert

Temporada de la OBC 2017-2018

Sábado, 28 de octubre de 2017

Wolfgang Amadeus Mozart

– Sinfonía núm. 35 en Re mayor KV 385 “Haffner” (1782)

– Concierto en Mi mayor para dos pianos y orquesta KV 242 “Lodron” (1776)

Franz Schubert

– Sinfonía en Si menor D 759 “Inacabada” (1822)

 

Lucas y Arthur Jussen – pianos

Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya

Jan Willem de Vriend – director

 

Wolfgang Amadeus Mozart compuso su Sinfonía núm. 35 “Haffner” en 1782, siendo la primera sinfonía que compuso en Viena. Desde 1780 que no había compuesto ninguna sinfonía, y la núm. 35 fue un encargo a mediados de julio de 1782, que le hizo su padre Leopold Mozart para las celebraciones por la obtención de los títulos nobiliarios de Sigmund Haffner (el joven), amigo de Wolfgang en su infancia. La fecha exacta de estas celebraciones se desconoce, pero basándose en la correspondencia del compositor, puede confirmarse que la sinfonía fue interpretada cerca del agosto de 1782.

Para empezar el concierto Jan Willem de Vriend propuso con gesto enérgico y preciso una versión de la sinfonía ligera, sin grandes relieves orquestales, muy dinámica y con un sonido un tanto superficial, con escaso vibrato en las cuerdas que hizo que la musicalidad perdiera profundidad.

El Concierto para dos pianos y orquesta KV 242 de Mozart, en su origen, fue compuesto para tres pianos conocido como “Londron” que lo finalizó en febrero de 1776. En 1780 lo arregló para dos pianos para tocarlo él y otro pianista en Salzbug. El concierto es conocido con el sobre nombre “Londron” porque en su origen lo compuso para tres pianos para tocarlo él con las dos hijas, Aloysia y Giuseppa, de la Condesa Antonia Londron.

Excelente interpretación de los hermanos Jussen. Son unos interpretes de gran calidad musical con una técnica impecable y un sonido cuidado en todo momento. La conjunción entre los dos pianistas es excepcional, ya que la cohesión es tan unida que no sabes quien está tocando en cada momento por la total unificación del sonido y del discurso musical, aportando a la música de Mozart elegancia, un gusto exquisito musical con personalidad. El discurso musical estuvo lleno de fraseo musical con contrastes sonoros y expresivos, con fuerza y sensibilidad a la vez. El éxito fue rotundo y nos regalaron una propina para dos pianos.

La Sinfonía en Si menor D 759 de Franz Schubert fue compuesta en 1822, pero no fue descubierta hasta varios años después de la muerte del compositor. Se le atribuye clásicamente como la núm. 8 pero en las renumeraciones actuales consta como la nú. 7. En nombre inacabada se debe a que solo consta de dos movimientos, y se han desarrollado diversas teorías acerca de por qué la sinfonía está incompleta, de por qué Schubert no llegó a finalizar su trabajo. Muchos consideran que al enterarse solo un mes después de comenzar a escribir la sinfonía de que padecía sífilis abandonó la obra y de la dio a su amigo Josef Hüttenbrenner. Este se la regaló a su hermano Anselm, quien finalmente se la entregó a Johann Herbeck, el director que la interpretaría en Viena por primera vez. No ha sido hasta el año 2017 que se ha localizado el fragmento de la obra que faltaba donde solo están orquestados los nueve primeros compases, el resto es solo un esbozo para piano.

La Sinfonía de Schubert fue interpretada con carácter y profundidad musical. El director le dio mucho relieve orquestal a la partitura con grandes fraseos musicales, con una gran expresividad dramática donde hizo sonar la OBC con todo su esplendor, con grandes contrastes musicales y sonoros dando mucho importancia a los trombones, ya que en la obra sinfónica de Schubert siempre juegan un papel muy importante. Hubo un gran equilibrio orquestal donde todas las secciones estaban bien trabajadas para así darle más relieve a la música para poder apreciar todos los detalles de la partitura. De Vriend dirigió con un gesto grande y generoso con gran precisión y cohesión con los músicos que respondieron a la perfección sus indicaciones. Al acabar el concierto nos ofrecieron los escasos nueve compases que hay orquestados por Schubert del tercer movimiento de la “Inacabada”.