29 noviembre, 2020

Temporada 2020/2021 del Teatro Real

Domingo, 15 de noviembre de 2020

Antonín Dvorák – “Rusalka” Ópera en tres actos. Libreto de Jaroslav Kvapil, basado en el cuento de hadas Undine (1811) de Friedich de la Motte Fouqué e inspirado en el cuento La sirenita (1837) de Hans Christian Andersen y otros relatos europeos.

Estrenada en el Teatro Nacional de Praga el 31 de marzo de 1901. Estrenada en el Teatro Real el 15 de marzo de 1924.

Rusalka – Olesya Golovneva. El principe – David Butt Philip. La princesa extranjera – Rebecca von Lipinski. Vodnik – Andreas Bauer. Jezibaba – Okka von der Damerau. El cazador – Sebastià Peris. El guardabosques – Manel Esteve. El pinche de cocina – Juliette Mars. Primera ninfa – Julietta Aleksanyan. Segunda ninfa – Rachel Kelly. Tercera ninfa – Alyona Abramova. Bailarines y actores.

Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real

Director musical – Ivor Bolton

Director de escena – Christof Loy. Escenógrafo – Johannes Leiacker. Figurinista – Ursula Rezenbrink. Iluminador – Bernd Purkrabek. Coreógrafo – Klevis Elmazaj

Nueva producción del Teatro Real, en coproducción con la Semperoper de Dresde, el Teatro Comunale de Bolonia, el Gran Teatro del Liceo de Barcelona y el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia.

El libreto, del poeta y dramaturgo Jaroslav Kvapil, está basado en la leyenda centroeuropea que inspiró el libro Undine (1811) de Friedrich de la Motte Fouqué y en el cuento La sirenita (1837) de Hans Christian Andersen, en el que una ninfa de las aguas decide abandonar su mundo acuático a cualquier precio para perseguir al príncipe al que ama.

La partitura, en la que laten sutilmente el influjo de Wagner y de las corrientes del nacionalismo musical centroeuropeo, entrelaza diferentes leitmotiv y temas del folclore bohemio, con una distinta orquestación para representar el mundo de la naturaleza y los espíritus ­-con mayor riqueza armónica y una paleta tímbrica diáfana y delicada- y el mundo de los hombres, con una instrumentación más convencional y oscura.

PUESTA EN ESCENA

El director de escena Christof Loy tiende un puente entre estos dos universos aparentemente irreconciliables, ahondando en los sentimientos, pasiones, anhelos y contradicciones de los personajes, que, en una atmósfera fantasmal, transitan de la vida al escenario, en una producción que es un homenaje al teatro como territorio de catarsis y sublimación de las emociones.

El reino de las aguas -con Rusalka, su autoritario padre Vodník, la avezada hechicera Ježibaba (convertida en su madre) y las ninfas, sus hermanas- esconde complejas y conflictivas relaciones entre los personajes que, en la concepción de Loy, se transforman en una extraña y olvidada familia de teatro con un pasado glorioso, cuyos miembros, como espectros, viven de recuerdos nostálgicos, pero también de ilusiones. Y en ese espacio cerrado todo se mueve con el sueño de una bailarina coja enamorada, que aspira a llegar al cielo con sus zapatillas de punta y el poder transformador del amor.

Primeramente con esta puesta en escena se pierde por completo la esencia de la obra de Dvorak y la narrativa del cuento de hadas. Con esta visión que evoca Loy el traspase de Rusalka de ser un personaje fantasioso como una ninfa de las aguas a convertirse en humana, en esta producción desaparece, ya que Rusalka siendo una bailarina ya es un personaje humano y su único cambio es dejar de ser coja, y esto ya no tiene ningún sentido con la temática de la ópera. No hay ni rastro de agua, flores, peces, naturaleza, ambiente bucólico ni nada que tenga que ver con la obra en sí, cambiándolo por un decorado sobrio, gris y frio de iluminación fría con una estructura del vestíbulo de un teatro que es el único decorado en los tres actos haciéndose muy monótono, habiendo un buen trabajo en la coreografía y en la interpretación actoral.

Realmente es muy incomodo para las dos sopranos que interpretan a Rusalka de hacerlas cantar y moverse con muletas y un pie al aire con el apoyo de solo un pie en el primer acto, por que el personaje lo convierte en una bailarina coja, y luego cuando le concede el hechizo Jezibaba no se le ocurre otra cosa que tengan que ponerse unas puntas de ballet usándolas las dos cantantes que nunca se han puesto unas puntas y bailar con ellas, y por supuesto el dolor que puede provocar esto en los pies de alguien que no lo ha hecho nunca. Esto es realmente algo que dificulta demasiado la interpretación del personaje y que dificulta la comodidad al cantar, y en mi punto de vista me parece totalmente inapropiado, ya que los directores de escena deberían tener como prioridad la comodidad de los cantantes en las puestas de escena, por que lo primordial es que este tipo de cosas les perjudique en su interpretación al no poder estar cómodos a la hora de cantar. Al igual que pasa con las tres ninfas, por ejemplo en el primer acto, mientras cantan están saltando y corriendo, y la verdad que resulta un poco brusco tanto movimiento. Es poner dificultades a la dificultad.

Tampoco encaja bien esta puesta en escena con la preciosa partitura de Dvorak que está llena de preciosismo musical evocando la naturaleza y la magia del mundo de las ninfas con un gran color orquestal lleno de sutilezas y timbres orquestales, de brillantez y expresiva musicalidad contrastado con un decorado gris y anodino.

REPARTO

En esta producción hay un buen reparto vocal. La soprano Olesya Golovneva encarna a Rusalka con seguridad vocal y bello timbre de generoso volumen y buena musicalidad. El principe de David Butt Philip es entregado de emisión vocal redonda con gran expresividad y dominio escénico. Muy bien dibujada la Princesa extranjera de Rebecca von Lipinski, y fantástica Okka von der Damerau en su Jezibaba con una voz espléndida de brillante interpretación. Buena interpretación de Vodník con una voz noble de bello timbre por Andreas Bauer Kanabas. Excelentes las tres ninfas de Julietta Aleksanyan, Rachel Kelly y Alyona Abramova.

Ivor Bolton hace una lectura interesante llena de matices y dinámicas diferentes, con buena musicalidad y fuerza expresiva, dotando a la partitura de expresividad dramática y teatralidad con un buen sonido orquestal.