Leonidas Kavakos-Integral Beethoven

Temporada de “Palau Cambra” 2017-2018

Jueves, 2 de noviembre de 2107

Integral de las Sonatas para violín y piano de Ludwig van Beethoven III

– Sonata para violín y piano núm. 1 en Re mayor op. 12/1

– Sonata para violín y piano núm. 8 en Sol mayor op. 30/3

–  Sonata para violín y piano nú. 9 en La mayor op. 47 “Kreutzer”

 

Leonidas Kavakos – violín

Enrico Pace – piano

 

Con este concierto concluye la integral de la Sonatas para violín y piano que nos han ofrecido Leonidas Kavakos y Enrico Pace con dos conciertos en la Temporada de Cambra 2016-2017 y la actual 2017-2018 con un concierto.

La obra para violín y  piano de Beethoven supone un salto definitivo hacia la plena igualdad entre las voces de un instrumento solista y el piano, cuando el piano solía ser un instrumento con función de acompañamiento o obligatto, donde en el clasicismo empezaron Haydn y Mozart, y posteriormente Beethoven, a la búsqueda del equilibrio y el dialogo cada vez más elocuente entre los dos instrumentos, en este caso violín y piano.

En la Sonata para violín y piano núm. 1 le ilumina el espíritu vienés, Beethoven muestra su temperamento tan personal en numerosos pasajes, con más nervio rítmico y mayor fuerza expresiva. Cuatro años después, el 1802, escribe tres sonatas dedicadas al tsar Alexandre I, posiblemente con el deseo de abrirse nuevos caminos fuera de Viena. Su universo expresivo es más rico y también sereno en la Sonata núm. 8, con un espíritu similar a la Sonata “Primavera”.

En la primera parte se interpretaron las Sonatas núm. 1 y 8 con unos interpretes que fueron calentando poco a poco la expresividad y la comunicación. Empezaron con la núm. 1 con un estilo galante y virtuosistico con un fraseo elegante y musical. Ya en la núm. 8 la expresividad fue la protagonista con un gran abanico de dinámicas y contrastes sonoros, donde los interpretes nos mostraron un Beethoven más maduro y temperamental. Leonidas Kavakos hizo sonar su violín con un sonido lleno y envolvente con un Enrico Pace efectivo y muy técnico. Los dos interpretes mostraron desde el principio del concierto la gran conexión musical que les une, donde la cohesión entre ellos es absoluta, tanto musicalmente y en su expresividad, creando una gran casación artística.

La pieza estelar del programa fue la extraordinaria Sonata núm. 9 “Kreutzer”. Dedicada inicialmente al violinista inglés George Polgreen Bridgetower, que la interpretó con Beethoven el 24 de mayo de 1803 en Augarten, y que posteriormente acabó dedicada al violinista Rodolphe Kreutzer y el pianista Louis Adam, después de una discusión con el violinista inglés. El estilo concertante parece apoderarse de esta pieza, de mayor carga emocional y un especial acierto en el magnífico primer movimiento. Pieza de máximo virtuosismo y de carácter apasionado, luminosa en los acentos expresivos del violín, con delicadeza en el “Andante” y un brillantísimo “Finale” a ritmo de Tarantel·la.

En la segunda parte nos regalaron una versión magistral y completamente vivaz de la extraordinaria Sonata “Kreutzer”. Fue una verdadera fuerza de la naturaleza la que corrió por las venas de los dos músicos interpretando la música de Beethoven, donde la pasión y expresión fueron sus aliadas. Leonidas Kavakos hizo rugir su violín en el primer movimiento con una fuerza extraordinaria con un sonido brillante y pleno, con una grandísima fuerza expresiva y una musicalidad sublime, donde jugó con un sinfín de matices y acentos musicales para expresar la gran profundidad de la partitura. Lo mismo pasó con Enrico Pace, que hizo sonar el piano con todos sus recursos y sonoridades, así expandiendo la gran expresividad de la música con un sonido pleno y envolvente. Los dos músicos tocaron con una técnica extraordinaria con un total  dominio de sus instrumentos, sacando el máximo partido ellos, de la técnicamente difícil y compleja  partitura. El segundo movimiento fue un delicado juego de variaciones sobre la melodía principal del movimiento, con una gran gama de colores y texturas instrumentales tocadas con sensibilidad y excelencia. La Sonata acabó con un tercer movimiento enérgico y muy rítmico, con grandes voladas musicales llenas de aire fresco y de pulcritud técnica, donde los músicos coronaron la Sonata con contundencia y gran brillantez.

Fue un concierto donde los interpretes y la música te transportan más allá del mundo terrenal, donde la expresividad y la sensibilidad está por encima de todo, y que se puede aplicar a ese momento la frase de Beethoven: “Tocar una nota equivocada es insignificante… tocar sin pasión es inexcusable”, y precisamente lo que vivimos en el concierto fue Pasión en su estado puro.