Into the Little Hill en la Temporada del Teatro Real

Teatros del Canal

Viernes, 14 de febrero de 2020

George Benjamin”Into the Little Hill”. Cuento lírico en dos partes con libreto de Martin Crimp, estrenado en la Opéra Bastille de París el 22 de noviembre de 2006.

La interpretación de la ópera va precedida por dos breves piezas para violín de George Benjamin de “Three Miniatures for Solo Violin” – A Lullaby for Lalit. – Lauer Lied

Idea y dirección artística – Marcos Morau. Dirección musical – Tim Murray. Musicos – Miembros de la Orquesta Titular del Teatro Real. Coreografía – Marcos Morau, Lorena Nogal, Marina Rodríguez, Angela Boix, Núria Navarra. Intérpretes – Camille Merckx (mezzosoprano), Jenny Daviet (soprano), Angela Boix, Núria Navarra, Lorena Nogal, Marina Rodríguez (bailarinas). Técnicos de escena – David Pascual, Mirko Zeni. Asesoramiento artístico y dramatúrgico – Roberto Fratini. Diseño de iluminación – Bernat Jansà. Diseño de escenografía – Max Glaenzel. Diseño de vestuario – Silvia Delagneau.

Coproducción del Teatro Real, Teatros del Canal y La Veronal.

Foto: Javier del Real – Teatro Real

Into the Little Hill es una adaptación del cuento El Flautista de Hamelin, de los hermanos Grimm, cuya acción se traslada a un escenario político contemporáneo dominado por el totalitarismo, con una sociedad frágil y manipulable, incapaz de prever o evitar su destrucción, anestesiada en el desastre, tal y como explica el coreógrafo y director de escena Marcos Morau (La Veronal), responsable de la producción que se vio y para cuya dramaturgia ha contado con la participación de Roberto Fratini.

George Benjamin estrenó Into the Little Hill, su primera ópera, en 2006 en el Teatro de la Ópera de París; el color de su música, la tensión dramática y el reconocimiento y del público y de la prensa especializada la han convertido en una obra que no ha dejado de representarse desde entonces. Concebida para una formación de quince músicos y dos voces, una soprano y una mezzosoprano que dan vida a todos los personajes.

Foto: Javier del Real – Teatro Real

Excelente interpretación de la soprano Jenny Daviet con un control absoluto de la técnica para poder encarar la dificultad de la partitura de extremos vocales con una emisión excelente de la voz juntamente con un bello timbre vocal, junto a la mezzosoprano Camile Merckx que interpretó su parte con seguridad vocal con un timbre aterciopelado de buena emisión. Estuvieron muy bien arropadas por el director musical Tim Murray con total control de la partitura evocando todo el carácter necesario de la música y su expresividad con grandes toques expresionistas y de efectismo sonoro, juntamente a los miembros de la Orquesta Titular del Tetaro Real que tocaron con muy buen nivel siempre comunicando las indicaciones del director a la perfección.

Foto: Javier del Real – Tetaro Real

En la parte escénica y en su coreografía se tiene que decir que fue excesiva en todo. La coreografía de las bailarinas fue molesta y demasiado protagonista para la ópera que se interpretaba, ya que en la obra no existen tales bailarinas y el director de escena las hizo más protagonistas que las cantantes, ya que se pasaron la mayoría de sus intervenciones en el centro de la escena con la iluminación sobre todo para ellas dejando a las cantantes en segundo plano casi inmobibles y apenas con iluminación. A demás la coreografía era espasmódica y brusca pareciendo que les estaba dando ataques de espasmos y que eso distraía lo que realmente era importante, las voces y la música, y más teniendo una partitura tan interesante y que era la primera vez que se interpretaba en la Temporada del Teatro Real. Y de eso iba la función, de música operística y no de un espectáculo de danza moderna con música.

Otro factor que era molesto y que distraía era el continuo entrar y salir de los hombres que estaban montando poco a poco el decorado de una estancia de una vivienda. Demasiadas cosas para una obra que dura unos cuarenta minutos que por si sola ya es interesante y que no necesita tanta parafarnalia, que lo único que hacía era perder el hilo de la historia despistándote de la música y que no deja disfrutar de la interpretación, y que al final acabas por no entender nada de lo que está ocurriendo en escena y que finalmente no acabas de enterarte de que va la ópera.

Foto: Javier del Real – Teatro Real