23 abril, 2021

Don Giovanni en el Teatro Real

Temporada del Teatro Real 20/21

Domingo, 27 de diciembre de 2020

Wolfgang Amadeus Mozart “Don Giovanni”. Dramma giocoso en dos actos. Libreto de Lorenzo Da Ponte, basado en El burlador de Sevilla (1616) de Tirso de Molina y en el libreto de Giovanni Bertati para la ópera Don Giovanni Tenorio ossia il convitato di pietra (1787). Estrenada en el Teatro Nacional de Praga el 29 de octubre de 1787, estrenada en el Teatro Real el 20 de abril de 1864.

Don Giovanni – Adrian Eröd. El comendador – Goran Juric. Donna Anna – Adela Zaharia. Don Ottavio – Airam Hernández. Donna Elvira – Frederica Lombardi. Leporello – Marko Mimica. Masetto – Cody Qúattlebaum. Zerlina – Marina Monzó.

Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real

Director musical – director musical

Director de escena – Claus Guth. Escenógrafo y figurista – Christian Schmidt. Iluminador – Olaf Winter. Coreógrafo – Ramses Sigi

Producción de la Staatsoper de Berlín procedente del Festival de Salzburgo

PUESTA EN ESCENA


Claus Guth sitúa la acción en un bosque espectral, lugar propicio para las fechorías y escondites de Don Giovanni, presentado en la producción como un truhan agónico y herido en su agitado camino de expiración.

La trama transcurre en un bosque de abetos muy versátil, diseñado por el escenógrafo Christian Schmidt, donde se van sucediendo los distintos cuadros de la ópera, distorsionados por la agonía de Don Giovanni, que se desangra lentamente desde la primera a la última escena. Herido por el Comendador al inicio de la ópera, en el paroxismo de la muerte desfilan por su cabeza los perversos juegos de seducción que han llenado su vida trepidante, caminando hacía la enajenación y la muerte sin abandonar nunca su espíritu impetuoso, lúbrico y blasfemo.

Ayudado por Leporello, el amigo junkie y compinche de aventuras que lo acompaña en el doloroso trance, Don Giovanni mezcla, en la ópera, los recuerdos vívidos alentados por su afán hedonista, con las visiones borrosas que preceden la muerte. Escondido en los meandros y recovecos de un bosque siempre cómplice iluminado por Olaf Winter, la floresta refleja el drama de los personajes, en un juego pictórico de claroscuros que enlaza el universo barroco del libertino de Tirso de Molina, con el mundo turbio de los tarados sexuales del siglo XXI.

Esta puesta en escena de Claus Guth me gustó y no me gustó;

Me gustó su escenografía con la excelente recreación realista de un bosque sombrío con sus árboles, piedras, tierra y rocas a tamaño real de un realismo sorprendente creando un ambiente extraño. Todo este bosque posee varios espacios y que van cambiando con un decorado giratorio, realmente un espacio muy logrado e interesante escenográficamente. Otro factor muy destacable es el movimiento escénico de los cantantes, a la vez que va girando el decorado para las diferentes escenas, y que está trabajado de una manera inteligente e ingeniosa creando en un mismo espacio varios ambientes de una manera ágil y efectiva. Muy buen trabajo con los cantantes para perfilar la personalidad de cada personaje según el planteamiento de Claus Guth.

No me gustó el planteamiento que le da a la obra y a los personajes el director de escena, convirtiendo a Don Giovanni en un despojo humano drogadicto, alcohólico, débil, sin personalidad, un miserable sin techo, juntamente con su criado Leporello, que aquí es tratado como su amigo. Este cambio del original Don Giovanni que es todo lo contrario; un joven noble español caradura, mujeriego, seductor, valiente, poderoso, de gran personalidad y don de gentes, Claus Guth lo convierte en este ser anodino que no tiene ningún interés y que no concuerda con lo que se está representando, ni con el texto ni con la trama ni con la maravillosa música de Mozart, y que se pasa toda la ópera con los efectos de las drogas que se inyecta al principio de la obra y que eso hace que esté medio ausente y no se entere ni de la mitad de lo que está pasando a su alrededor sin tener a penas fuerzas para seducir a nadie… juntamente a su compañero Leporello que también está en las quimbambas delirando con su colocón. En fin, lamentable.

Este circulo vicioso Claus Guth lo traspasa a otros personajes como Zerlina y Masetto que acaban colocados con un porro en el festejo de su boda junto a Don Giovanni y Leporello tirados por el suelo, o convirtiendo la cena que invita al Comendador en un simple picnic en el suelo con las viandas en una bolsa de supermercado. Por ejemplo los personajes de Donna Anna la convierte en una amargada y a Don Ottavio en un sin sangre que va buscando con el móvil en la mano la cobertura por el bosque, o una histérica Donna Elvira, y con toques bruscos y un poco agresivos de los personajes en general y sin ningún tipo de sensibilidad que posee los espléndidos personajes que creó Mozart con su maravillosa partitura.

En la parte vocal no hay ninguna voz destacable en el segundo reparto, ya que se han buscado voces muy similares en volumen, calidad y técnica, y que además las subidas y bajadas por el decorado no ayudan a cantar por su turbulento suelo.

La dirección musical de Ivor Bolton fue correcta y precisa en todo momento, pero sin demasiados contrastes y muy plana musicalmente, con un Coro y Orquesta Titulares de ejecución correcta.

Al final el problema que se crea con este tipo de producciones que se salen de la esencia real de las obras cambiando argumentos y cosas esenciales que se hacen de difícil comprensión al no saber muy bien lo que te quiere transmitir el director de escena con esos cambios, es que el director de escena se convierte en el protagonista real de los espectáculos por encima de los compositores, de la música, de los libretistas, de los cantantes, de los directores musicales y de los músicos, y que realmente eso no me parece en absoluto adecuado, y que los críticos acabemos centrando nuestras críticas en ellos para poder explicar lo que hemos visto, ya que deberíamos centrarnos en la obra en sí con sus intérpretes y sus interpretaciones con la ayuda de las puestas en escena para enriquecer las obras, y no centrarnos en lo que han convertido esas obras maestras con sus puestas en escena.