29 noviembre, 2020

Die Walküre en el Teatro Real

Temporada 2019-2020 del Teatro Real

Domingo, 16 de febrero de 2020

Richard Wagner “Die Walküre”. Primera jornada en tres actos del festival escénico Der Ring des Nibelungen con libreto de Richard Wagner. Estrenada en el Königliches Hof- und Nationaltheater de Munich el 26 de junio de 1870. Estrenada en el Teatro Real el 19 de enero de 1899.

Siegmund – Stuart Skelton. Hunding – René Pape. Wotan – Tomasz Konieczny. Sieglinde – Adrianne Pieczonka. Brünnilde – Ricarda Merbeth. Fricka – Daniela Sindram, Valquirias – Julie Davies, Samantha Crawford, Sandra Ferrández, Bernadett Fodor, Daniela Köhler, Heike Grötzinger, Marifé Nogales, Rosie Aldridge

Orquesta Titular del Teatro Real

Director musical -Pablo Heras-Casado

Concepción – Robert Carsen, Patrick Kinmonth. Director de escena – Robert Carsen. Escenógrafo y figurinista – Patrick Kinmonth. Iluminador – Manfred Voss

Ferdinand Leeke – Die Walküre

Die Walküre ópera en tres actos que es la segunda de las cuatro óperas que compone Richard Wagner del ciclo El anillo del Nibelungo (Der ring des Nibelungen). Wagner se inspiró en la mitología nórdica al escribir esta obra, específicamente en la Volsunga y la Edda poética. En la versión simplificada del compositor, las valquirias son las hijas del dios Wotan y la madre tierra la diosa Erda, concebidas como doncellas guerreras para defender el Olimpo germánico, el Walhalla, del acecho de los Nibelungos y recoger las almas de los héroes muertos en batalla para llevarlos a su descanso en el Walhalla.

Fantástica versión de La Valquiria que pudimos presenciar en el Tetaro Real con un reparto de lujo, una puesta en escena de calidad y una dirección musical espléndida.

PUESTA EN ESCENA

La puesta en escena de Robert Carsen pone el acento en explicar la destrucción progresiva de los lazos afectivos entre los personajes bajo el peso de un sistema que es una auténtica máquina de deshumanización. Trasladan el universo mitológico wagneriano a un mundo también metafórico, pero más cercano a nuestra realidad, en el que las luchas de poder, las pasiones y las relaciones entre los personajes son más fácilmente reconocibles por el espectador actual. La tetralogía wagneriana denuncia los efectos devastadores del afán de poder: la obra, dice Robert Carsen “cómo la ambición humana puede llegar a destruirlo todo, no solo la naturaleza sino también la familia”. El Valhalla es una torre de marfil blindada en la que viven los poderosos, los presidentes, los financieros, los políticos, aislados de la sociedad. Pero esta torre de marfil es también una prisión, como acaba comprobando Wotan al conseguir el anillo del poder y sellar al mismo tiempo su condena.

La puesta en escena de Robert Carsen es elegante, estética y con plasticidad escénica con relieve y de gran amplitud, un Wagner al desnudo con muy poco decorado en el primer acto donde representa como una especie de campamento militar con unas cajas y poco más, donde la espada reside en un tronco escondida y que no se ve hasta que la saca Siegmund, pero la interacción entre los personajes es un tanto fría y demasiado distante ya que casi no hay acercamiento físico entre ellos. Uno de los protagonismos de la primera parte es la nieve y el aparente frío todo con un ambiente sobrio, lúgubre de tonalidades grises, y con la carencia del agua en toda la obra. El segundo acto es una ostentosa sala de una mansión donde hay militares con una amplia iluminación y de elegante decorado donde habitan Wotan y su hija predilecta Brünnhilde, donde la acción es muy dinámica con muy buena interacción entre los personajes y donde la trama se desarrolla con fluidez. En la segunda parte del segundo acto aparecen Siegmund y Sieglinde otra vez con el decorado prácticamente desnudo con un jeep magullado en medio y la nieve que da una sensación de devastación y frialdad absoluta. El tercer acto aparecen las Valquirias en un campo de batalla con la los soldados muertos dónde las Valquirias van todas con la misma cabellera y el mismo vestido sin ninguna armadura ni ninguna referencia a ellas, cosa que se hecha a faltar, y el decorado vuelve a ser desnudo y frío con solo unos juegos de luces y absolutamente lúgubre que le da un ambiente interesante en todo momento. Al final del tercer acto en la larga escena de Wotan con Brünnhilde cuando duerme a su hija yace en el simple suelo y no hay ningún tipo de lecho ni ningún tipo de iluminación hacia ella, y eso le quita dramatismo y lirismo a la escena, y concluye la escena con un hilo de fuego que aparece en el suelo y que Wotan va hacia él atravesándolo. Las escenas donde casi no hay decorado y que el escenario está prácticamente desnudo usan también el fondo que normalmente no está abierto, y eso le da un gran relieve y una sensación de amplitud, pero también de desanparo, y que no ayuda a los cantantes en su emisión de la voz por tener el escenario demasiado abierto, ya que a momentos cantan al fondo y se pierde el sonido. En esta puesta en escena Robert Carsen se centra en la época actual en la destrucción del medio ambiente y en la devastación de la tierra. Carece de la simbologia de El anillo del Nibelungo que son el agua, los dioses, los héroes, el fuego, las lanzas, las armaduras, y sobre todo la naturaleza que no aparece por ningún sitio y que Wagner escribe claramente en la partitura donde se puede oír perfectamente el murmullo del agua, el aire, las tormentas, el crepúsculo y el fuego.

PRIMER REPARTO

Hubo un gran nivel vocal, ya que para encarar una obra como esta se necesitan a los mejores cantantes wagnerianos para poder hacer una versión en condiciones.

En el primer acto el Siegmund de Stuart Skelton fue pasional y expresivo con una gran entrega a su personaje haciéndolo muy creíble con una voz gruesa y baritonal de perfecto tenor wagneriano, donde estuvo perfecto escénicamente junto a la soprano Adrianne Pieczonka de voz generosa y técnica impecable de agudos plenos y bello timbre vocal que cantó con gran pasión su personaje, haciendo un buen tándem con el tenor creando unos dúos pasionales y llenos de buena interpretación, de musicalidad, de dominio escénico y teatral. A ellos dos se le unió el fantástico Hunding de René Pape de voz bella, noble de presencia imponente con un absoluto dominio de la técnica, de la escena y de los personajes wagnerianos.

En el segundo acto pudimos disfrutar de un gran Wotan envuelto de una voz brillante y potente de gran personalidad a cargo del barítono Tomasz Konieczny con una gran soltura escénica dándole un carácter muy marcado a Wotan con gran presencia escénica donde se le unió la Brünnhilde de Ricarda Merbeth de voz redonda y aterciopelada de gran soltura y entrega escénica. La soprano Daniela Sindram encarnó una Fricka muy bien dibujada escénicamente con dominio vocal de carácter temperamental, que protagonizó un dúo con Wotan de fuerza interpretativa y dramatismo con una gran conjunción entre los dos cantantes.

En el tercer acto aparecieron las Valquirias hermanas de Brünnhilde en la conocida Cabalgata con empaque vocal y seguridad musical. Hubo un buen trabajo vocal-técnico y musical de las cantantes con solvencia escénica en todo momento. La parte final protagonizada por Wotan y Brünnhilde fue intensa y dramática donde los dos cantantes estuvieron fantásticos con una gran entrega hacia sus personajes y vocalmente brillantes. El final y despedida de Wotan fue espléndido en la interpretación y la voz de Tomasz Konieczny de gran efectividad, expresividad, romanticismo y gran calidad musical.

DIRECCIÓN MUSICAL

Pablo Heras-Casado estuvo esplendido en su interpretación de la Valquiria con una musicalidad dramática, romántica, profunda, emotiva, interesante, intensa, pasional llena de fuerza interpretativa muy expresiva y comunicativa que hizo vibrar al foso y al escenario. El trabajo que hizo con la orquesta fue absolutamente excelente creando un sonido noble, perfectamente equilibrado, de gran unidad en todas las secciones, con un gran trabajo en los detalles y relieves orquestales y que la Orquesta Titular estuvo entregada a las indicaciones del maestro creando un resultado de alto nivel con una cuerda noble y un metal brillante. Pablo Heras-Casado hizo un excelente trabajo musical con una versión llena de vida y de contrastes sonoros y musicales, llena de riqueza tímbrica y musical haciendo hablar a los fraseos musicales, donde evocó todo lo que posee la partitura enriqueciendo todos los contrastes con inteligencia musical. Todo ello con una dirección expansiva, muy precisa de gesto generoso y expresivo con gran dominio de la orquesta, siempre pendiente de los volúmenes de la orquesta con los cantantes. Fue una magnifica versión de Die Walküre llena de humanidad, vida y profundidad musical de la maravillosa partitura de Wagner.

Fotos: Javier del Real – Teatro Real