Javier Perianes y Pablo Heras-Casado en el Palau

Temporada de “Palau 100”  2017-2018

Lunes, 12 de febrero de 2018

 

Franz Joseph Haydn

– Sinfonía núm. 50 en Do mayor, Hob. I/50

Béla Bartok

– Concierto para piano y orquesta núm. 3 en Mi mayor, Sz 119

Antonín Dvorák

– Sinfonía núm. 7 en Re menor, op. 70

 

Javier Perianes – piano

Münchner Philharmoniker

Pablo Heras-Casado – director

 

Fantástico concierto el que nos ofrecieron el brillante pianista Javier Perianes junto con el excelente director Pablo Heras-Casado con una esplendida Münchner Philharmoniker. Con este concierto arrancaban una gira por España con la Münchner Philharmoniker, y el lanzamiento discográfico con harmonia mundi del Concierto para piano núm. 3 y el Concierto para Orquesta de Béla Bartók con los mismos intérpretes.

La Sinfonía núm. 50 de Haydn fue interpretada con gran energía y luminosidad. Pablo Heras-Casado dirigio con un espíritu fresco y lleno de matices, con una musicalidad llena de dibujos musicales y elegancia estilista. Trabajó la orquesta con una excelente articulación dándole énfasis a los acentos que poseen las frases musicales de la música de Haydn, así creando un juego de escalas y pasajes decorados con bellas e interesantes notas envueltas de una musicalidad viva y comunicativa.

El Concierto para piano núm. 3 de Béla Bartók fue escrito durante su exilio en Estados Unidos y dedicada a su esposa, la pianista Ditta Pásztory-Bartók quien finalmente no lo estrenó. Después de la muerte del compositor el Concierto quedó incompleto y su alumno Tibor Serly completó los últimos 17 compases con las indicaciones de Bartók. El Concierto se estrenó el 8 de febrero de 1946 con la Orquesta de Philadelphia con el pianista György Sandor dirigidos por Eugene Ormandy.

Excelente interpretación del tercer Concierto para piano de Béla Bartok con el pianista Javier Perienes que nos ofreció una interpretación de gran musicalidad, expresividad, un sonido de gran calidad y lleno de matices con una técnica impecable. El pianista posee un gran abanico de colores y texturas diferentes que crea en el sonido del piano, con una articulación muy precisa y clara, con un domino absoluto del teclado creando grandes matices y expresividades, con un primer y tercer movimientos con fuerza expresiva y un sonido pleno de gran calidad, contrastando con un segundo movimiento de gran lirismo y sonido delicado y de precioso timbre. La dirección de Heras-Casado fue esplendida creando una gran textura orquestal con grandes efectos musicales y rítmicos que posee la partitura, con un sonido interesantísimo de la orquesta, donde la Münchner Philharmoniker sonó brillante y compacta. Pudimos disfrutar de una feliz cohesión entre todos los interpretes y el pianista nos ofreció una deliciosa propina de Claude Debussy.

Foto: Antoni Bofill

Antonín Dvorák sentia una gran admiración por Johannes Brahms y después de escuchar por primera vez su Sinfonía núm. 3 en 1883 le inspiró a escribir una nueva sinfonía, la núm. 7. Dvorák siempre vinculado con su país y sus causas políticas decidió que su séptima Sinfonía reflejaría su lucha política checa, y reflejando algo de su lucha personal en la reconciliación entre de hombre del campo con su patriotismo intenso y su deseo de ver prosperar la nación checa. Se estrenó el 22 de abril de 1885 en el St. James’s Hall de Londres con un gran éxito.

En la segunda parte se interpretó la fantástica Séptima Sinfonía de Antonín Dvorák con una interpretación esplendida por parte de la orquesta y el director.

Pablo Heras-Casado nos ofreció una interpretación muy expresiva con un gran sentido dramático y con fuerza orquestal y musical, con una dirección clara, precisa, expansiva, comunicativa y pasional. Creo una versión llena de matices, donde el director supo aprovechar todo el potencial de la excelente orquesta creando momentos muy especiales y expresivos con mucha fuerza, siempre con una dirección inteligente, donde todos los matices estaban trabajados al detalle. Supo aprovechar la excelente música para conducir todos los fraseos y detalles musicales con un sentido siempre coherente y muy bien trabajado, con un resultado interesante y muy enriquecedor. El sonido de la orquesta fue brillante y esplendido con una cuerda compacta, un metal preciso y una madera sutil y bien perfilada. La comunicación con los músicos y director fue perfecta, donde los músicos expresaban a la perfección las indicaciones del director, donde se pudieron escuchar todo tipo de colores orquestales y dinámicas, con un gran sonido orquestal pasando por el más sutil siempre con esencia, con un resultado excelente y de gran calidad por el alto nivel de la orquesta y por el gran talento del director.

Foto: Antoni Bofill