Schumann Quartet al Palau de la Música

Temporada de “Palau Cambra” 2017-2018

Jueves, 1 de febrero de 2018

Philip Glass

– Cuarteto núm. 2 “Company”

Wolfgang Amadeus Mozart

– Cuarteto núm. 14 en Sol mayor,KV 387

Arvo Pärt

– Fratres (cuarteto de cuerdas)

Franz Schubert

– Cuarteto nún. 13 en La menor, op. 29, D. 804 “Rosamunda”

 

Schumann Quartet

Erik Schumann y Ken Schumann – violines

Liisa Randalu – viola

Mark Schumann – violonchelo

 

El Cuarteto de cuerda núm. 2 de Philip Glass lo compuso como música para la versión escénica de la novela “Company” del escritor irlandés Samuel Beckett que escribió en enero de 1983.

Interesante interpretación la que hizo el Schumann Quartet de la partitura minimalista con una escritura intimista, donde los interpretes crearon una sonoridad misteriosa, penetrante, homogénea, con total cohesión entre las cuerdas creando un ambiente de interesante inquietud.

El cuarteto para cuerdas de W.A.Mozart que se interpretó en el concierto forma parte de una serie de seis cuartetos que dedicó a su amigo F.J.Haydn en diciembre de 1782. Este es uno de los cuartetos de Mozart donde la formación cambristica de cuerda ya había evolucionado hacia el camino de los cuartetos románticos, donde la escritura para los instrumentos es compleja, llena de riqueza técnica musical y donde hace evolucionar esta formación a el expresionismo musical donde el compositor utiliza todos los recursos de los instrumentos en todo su esplendor.

El Schumann Quartet interpretó la partitura con un gran abanico de sonoridades expresivas, utilizando toda clase de texturas para darle una mayor expresividad a la música. Un dinámico y enérgico primer movimiento contrastaron con el tercer movimiento Andante cantabile donde el fraseo musical fue exquisito lleno de de sensibilidad y profundidad musical. La ejecución técnica fue perfecta con un virtuosismo limpio y una gran comunicación musical.

Para acabar la primera parte interpretaron “Fratres”de Arvo Pärt, música de sonoridad mistica y misteriosa a la vez, con una interesante sonoridad que precia que los cuatro instrumentos fueran solo uno, al ser una escritura arcaica en su armonía y que parte con la base del segundo violín que está durante toda a la obra emitiendo un pedal de una nota mayoritariamente, contrastando con los pizzicatos del violonchelo. Los intérpretes controlaron el sonido durante toda la obra, como si de un órgano se tratara, con un sonido compacto y absolutamente cohesionado entre ellos, creando una tensión auditiva hacia el público totalmente hipnótica y absolutamente interesante.

La obra de la segunda parte fue el Cuarteto de cuerda núm. 13 de Franz Schubert “Rosamunda”, nombre que le viene por que la melodía del segundo movimiento la utilizó para su ballet Rosamunda. Aquí estamos delante de los últimos cuartetos para cuerda que escribió Schubert, donde se expresa esa tristeza-melancolica y a la vez la esperanza que tanto caracterizó en una parte de la obra del compositor.

La interpretación de la obra fue esplendida en todos sus aspectos, con un absoluto control técnico que hizo que la música entrara en una dimensión expresiva muy profunda donde se sintió a la perfección esa angustia que refleja la partitura, contrastando con los momentos de luz que posee la obra. La interpretación estuvo llena de contrastes sonoros como expresivos, con un enriquecedor fraseo musical, con expresividad, con sensibilidad, con un sonido pleno pasando por la sutileza más delicada. Gran interpretación musical y de gran trabajo cambrístico de unos interpretes que se cohesionan perfectamente entre ellos, donde se comunican en el escenario y que lo transmiten al público con absoluta naturalidad. Fue un gran concierto con un presente brillante del Schumann Quartet y de un futuro alumbrador.